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Sobre Mí

Foto de Natalia pintando

Hola, soy Natalia.

Y soy la Nata de Tinta y Nata. La Tinta la pone mi amor por la ilustración y la tinta china.

Mi historia es como la de tantos otros. De niña y adolescente me encantaba dibujar y tenía un desarrollado talento para plasmar en papel todo lo que veía. Tanto que, incluso mi padre, que era un hombre más bien pragmático, me podía visualizar perfectamente estudiando bellas artes e incluso le ilusionaba imaginarme creando mis obras.

Pero cuando llegó el momento de elegir, sinceramente, ni siquiera me lo planteé.

Creía que la mejor opción para mi era encontrar una profesión que tuviera, como se suele decir, muchas “salidas”. ¿Salidas? Qué concepto tan extraño. ¿Salidas a dónde? Porque yo, al único sitio al que salí, fue a un panorama laboral que me mataba poco a poco por dentro.

Me convertí en programadora informática y, aunque me dediqué a ello con convicción y constancia durante varios años, la falta de vocación empezó a hacerse más y más evidente con el paso del tiempo. Un año tras otro seguía haciendo lo mismo y yo no era más feliz. Cambié de trabajo varias veces pensando que el problema era que no estaba en el lugar correcto. Seguí formándome en distintas aplicaciones informáticas y hasta monté una startup con dos chicas que resultaron ser artistas y que se encargaban de la parte de diseño.

Trabajar con ellas cada día no hacía más que recordarme que esa espinita seguía ahí. Y que no le estaba dando espacio en mi vida.

Nuevas oportunidades laborales me hicieron volver a la empresa privada. Y es en ese mismo instante cuando algo hace clic dentro de mi. Echaba de menos tener mi propio negocio. Echaba de menos los quebraderos de cabeza, las jornadas infinitas y las complicaciones gigantescas con las que teníamos que lidiar cada día. Echaba de menos tener algo mío. Algo que pudiera hacer prosperar cada día con esfuerzo, trabajo duro y mucha, muchísima ilusión. Porque cada éxito sabía a gloria y cada decepción solo nos hacía intentarlo con más ganas.

Dejar esta pequeña empresa que habíamos levantado con nuestras manos me dejó vacía durante mucho tiempo. Hasta que algo cambió.

Llevaba años pensando en volver a apuntarme a clases de dibujo, pero la vida no hacía más que interponerse haciéndome sentir frustrada y pensando que era una parte de mi que nunca podría retomar.

Hasta que dije basta.

Todo mi ser me lo pedía. Quería volver a fluir con el trazo del lápiz y del pincel. Y lo hice. Me apunté.

¡Qué maravilla! Se sentía igual que cuando lo hacía de niña. Volví a reconectar con ese algo que necesitaba expresarse y que había enterrado muy profundo.

Comencé con el lápiz y el carboncillo. Me encantaba la sensación del grafito deslizándose por el papel y dejando su trazo en forma de imágenes de inusual belleza. Me sentía viva como hacía mucho tiempo que no me había sentido.

Poco después, la profesora me propuso probar la tinta china y… me enamoré. La forma en que esa negrura crea figuras llenas de luz. La manera en que se expande, en que gobierna la hoja en blanco y la hace rendirse ante ella. La tinta…

Algo se había desatado en mi interior y ya no había vuelta atrás.

A partir de ese momento no hacía más que pensar en ello a todas horas. Y un día tuve un sueño. Sí, puede sonar a cliché, pero te juro que lo soñé. Soñé que mis dibujos estaban en tazas, libretas, láminas… y cuando me desperté tenía una sonrisa de oreja a oreja. Ya no había marcha atrás. Comencé a buscar proveedores, monté mi web y empecé a crear sin parar. Mis primeros pasos fueron en mercadillos y ferias. Más de 50 en distintas ciudades españolas. Y el contacto con las personas fue… brutal. Ver sus caras de ilusión, escuchar las historias que me contaban acerca de quién iba a recibir ese regalo. Historias llenas de ternura que me llenaban el corazón. De hecho, me gusta tanto que sigo acudiendo regularmente a vender allí mis productos. Pero, decidí que tenía que expandirlo y hacerlos llegar a mucha, mucha más gente a través de una tienda online.

Y ahora, por fin, me estoy dando la oportunidad de soñar.

¿Te vienes a soñar conmigo?

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